En la vida tus hábitos se construyen según la “secuencia de acciones consistentes” que lleves a diario, y esto es tanto para bien o para mal.  Un alto grado de conciencia sobre este aspecto repercute sobre todos los resultados que tenemos.

A lo largo del camino hemos conocido personas que se establecen propósitos en la firme convicción que al cambiarse de ciudad, país, casa o en el nuevo año que llegará todo será un nuevo inicio, un nuevo comienzo. Creen que estarán dadas todas las condiciones para que sus sueños o deseos se vuelvan una realidad. Sin embargo, curiosamente muchos de esos sueños o anhelos sufren tropiezos para materializarse. Y precisamente porque son sueños, y los sueños carecen de un compromiso, de una responsabilidad real para que se vuelvan tangibles.

Más bien diríamos que los sueños son amorfos, etéreos, y es muy común que cuando no se obtiene lo que se sueña siempre se encuentre una excusa a la mano que justifique nuestro estancamiento y que por lo general siempre se encuentra fuera de nosotros.

Solo hay un secreto que rompe ese ciclo repetitivo de excusas y justificaciones su nombre es: Disciplina, y es el único Secreto detrás del Éxito

Si uno va al diccionario y mira que significa “disciplina” encontramos que se define como “conjunto de reglas o normas cuyo cumplimiento de manera constante conducen a cierto resultado”.

En resumen, se podría decir que no importa cuál sea la meta, el camino para el éxito parece ser siempre el mismo: para ser experto en cualquier tema, la base es la disciplina.

Para tener una empresa exitosa, disciplina.

Para lucir un cuerpo perfecto, disciplina.

Para no caer en los mismos errores, disciplina…

ESFUERZATE PARA SER EL MEJOR

Los científicos aseguran que son las Acciones Repetitivas positivas, las que provocan cambios profundos en la mentalidad de una persona.

Por eso es muy importante identificar las costumbres que nos impiden ser tan disciplinados como quisiéramos; de paso aprender a ponernos metas realistas y alcanzables.

  1. El Primer paso que debemos dar es analizarnos.

Si lo tuyo no es la constancia, es importante que analice cuales son los hábitos que no te ayudan a cumplir lo que te propones.

Tal vez te cuesta levantarte temprano o tu concentración no es la mejor o se te dificulta manejar el tiempo para que rinda.

Teniendo esto identificado, haz una lista con objetivos pequeños para contrarrestar esos hábitos.

Por ejemplo: “Esta semana me voy a levantar 5 minutos más temprano, luego 10 minutos, así mi siguiente paso es 15 minutos hasta lograr el objetivo clave de levantarme 30 minutos antes”.

 Las listas con nuestros propósitos es algo que recomiendan los expertos de distintas disciplinas para focalizarse y organizarse.

  • Metas Claras

Al identificar los hábitos que te restan productividad, y luego fijarse propósitos para combatirlos, será más fácil pensar en nuevas metas.

Pero para que esto funcione, debes crear nuevos patrones de conducta. Por ejemplo, no pienses “Quiero bajar cinco kilos”.  En lugar de ello, comprométete así: “Haré ejercicios tres veces a la semana”.  

Las acciones son las que aterrizan nuestros sueños en realidades.

  • Prémiese. Estar motivado es una buena forma de cultivar tu disciplina. ¿Y cómo­­ puedo hacerlo? Muy fácil. Cada vez que logres una de las metas propuestas, otórgate una recompensa.

Derrocar los viejos hábitos no es fácil y si te consientes con algo que te gusta será más fácil motivarse a avanzar.

  • Elimina las excusas.

Para cambiar y ser más disciplinado necesitas hábitos, pero si no eliminas las excusas que a menudo te alejan de tus metas, no servirá de nada establecerlas.

Entonces es clave pensar que sin importar que pase, no tiene elección.

A veces debemos hacer cosas que no nos gustan tanto, como madrugar o hacer una tarea día tras día. Es solo cuando nos focalizamos en el fin de esas acciones, y no en el “sacrificio” que nos supone ejecutarlas, logras fortalecer tu voluntad y llegar a ser el mejor en lo que te propongas.

PASAR AL SIGUIENTE NIVEL

Tener clara la definición de nuestra meta nos ayuda a levantar en el horizonte faros gigantes que nos marcan el camino y brindan una perspectiva más aplomada de lo que es establecer un propósito en cualquiera de las áreas de responsabilidad.

Lo que sigue me emociona aún más, ya que es establecer un plan de trabajo para ir tras el faro con pasos firmes, sin dejar las cosas al azar.

Estar feliz implica disfrutar de la vida mientras das lo mejor de ti.

 Aceptar lo que eres como persona y el estilo de vida que llevas.

El éxito se puede percibir como ese momento en el que logras cumplir las metas que te marcaste y obtienes los resultados propuestos.

¿Quién no desea lograr el éxito en la vida?

El problema no es el Éxito y como alcanzarlo sino definirlo según lo que realmente quieres lograr. Para algunos es simplemente alcanzar ciertos objetivos, tener dinero o poder. Para otros es organizarse y hacer un hogar, una familia, tener hijos, ser padre o madre.

Hay respuestas para todos los gustos.

Si reflexionamos un poco más, comprobaremos que la mayor parte de los indicadores que utilizamos son externos y exhiben más poder que éxito. Mirarlo desde ése punto de vista encierra una trampa: si alguna vez logramos alguno de esos objetivos, es fácil que nos inunde una sensación de vacío importante. En tal escenario, el asunto solo se arregla cuando nos fijamos otra aspiración.

 El éxito no es un lugar o una meta, sino un estado, una sensación. Consiste en ser feliz con lo que se hace. En ser cada vez mejor y tener un equilibrio en todas las facetas de nuestra vida.

No es válido triunfar en un aspecto a expensas de sacrificar otra, como les sucede a muchas estrellas de Hollywood. Son grandes actores o actrices, pero arrastran un complicado historial de deficiencias en su vida personal.

Por ejemplo: Si Instagram pudiera recopilar el éxito interior de las personas que salen en las fotos en lugar de la apariencia, seguramente nos llevaríamos alguna sorpresa. Algún guapo no lo sería tanto y algunos de los que aparecen desfavorecidos en las imágenes serían considerados una belleza.

El éxito interior es más integral, toca cada una de las facetas de nuestra vida, se apoya en nuestros valores y, además, es sostenible en el tiempo. Lógicamente no es perfecto. Es imposible lograr ese nivel, pero estar felices con nosotros mismos y con lo que hacemos genera una satisfacción real y duradera.

Como son la:

  • Paz interior. El éxito se puede valorar por el número de horas que descansamos, aunque pueda sorprendernos. Cuando uno está aquejado de mala salud o tiene una preocupación puntual es posible que vea afectado su descanso. Los problemas constantes para dormir suelen ser un reflejo de una preocupación, de un conflicto no resuelto o de algún tema que nos corroe.
  • Trabajar por un propósito. La satisfacción de lo que se hace tiene un impacto positivo en la vida de los demás. No hace falta que sea una empresa grande, basta con cuidar a un familiar, dirigir adecuadamente un equipo de personas o, sencillamente, tener unos valores positivos. Contar con un propósito y trabajar en él es uno de los grandes éxitos que podemos alcanzar en nuestra vida.
  • Desarrollo de potencial. La convicción de estar explotando al máximo las capacidades que tenemos. Por eso, cuando poseemos un talento al que no sacamos partido nos genera cierta frustración. Un ejemplo claro lo podemos ver en el trabajo cuando desarrollamos una tarea y pensamos estar más cualificados.
  • Estar aprendiendo. La sensación de estar creciendo y progresando como ser humano es una de las motivaciones más profundas que poseemos, junto con la de contribuir a un propósito. Resulta frustrante creer que estamos estancados en el trabajo o en nuestra vida personal.
  • Buenas relaciones personales. La capacidad para construir y mantener relaciones que enriquecen y suman es un indicador de éxito y de profunda satisfacción.
  • Ética. La autoridad moral para decir que mentir, robar o cualquier otra conducta negativa es inadecuada. Poder aseverarlo porque nosotros no incurrimos en ello nos genera tranquilidad de espíritu y paz interior.

En definitiva, podemos concluir que el éxito no es una meta, sino un estado que podemos alcanzar si somos capaces de salir de nuestra zona de confort. Basta con enfocarnos en los indicadores descritos.